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La “cuesta de enero” no es solamente financiera: la salud mental de muchos mexicanos empieza el año en números rojos
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Todos sabemos lo pesada que es la temporada navideña a nivel financiero, cuyo desgaste económico se ve incrementado sustancialmente con el regreso a clases (para quienes tengan hijos en edad escolar), pero sobre todo por la carga emocional que estas fechas tienen para quienes sufrieron una pérdida en 2025, y no me refiero necesariamente a una ausencia física, sino a cualquier tipo de quebranto, como puede ser una relación personal, la salud, un trabajo o un proyecto que se vino abajo.
El 12 de enero publicamos una nota titulada “Depresión, la peligrosa enfermedad de las mil caras”, y el 28 de enero, casi para terminar el primer mes del año, una nota sobre la Tanatología; no son casuales, sino que corresponden a una realidad en el ámbito de la salud mental que no debemos seguir ignorando.
De acuerdo con datos obtenidos de la última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), aproximadamente el 20 % de la población adulta en México –lo que representa alrededor de 18 millones de mexicanos– presentan, o presentamos, síntomas relacionados con la depresión o la ansiedad generalizada.
México: Líder mundial en estrés laboral
Si la cifra no fuera de por sí lo suficientemente alarmante, les comento que el estrés laboral, estrés crónico o “burn out” impacta al 75% de los trabajadores mexicanos, superando a países como China y EE. UU.
La brecha del 2%: Un sistema que llega mal, y tarde
Lo terrible es saber que en nuestro país, y a pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) recomiendan que el presupuesto destinado a salud se ubique entre el 5 y el 10 % del producto interno bruto (PIB), nuestras autoridades asignan solamente entre el 1.5 y el 2 %. Esto es prácticamente insuficiente, y que para colmo de males se dedica casi exclusivamente al mantenimiento de hospitales psiquiátricos, en lugar de abocarlo a la prevención y a la detección temprana de enfermedades mentales, lo que se hace evidente al saber que para que una persona logre obtener un diagnóstico preciso de un desorden mental, pueden transcurrir entre 7 y 30 años de peregrinaje médico, potenciando los riesgos de muerte prematura.
En México, una persona puede vivir una “odisea diagnóstica” de entre 7 y 30 años hasta obtener un diagnóstico preciso de un desorden mental… y todavía falta que reciba atención.
Hay que destacar que además del sufrimiento que la ansiedad generalizada, la depresión y las muertes prematuras por suicidio ocasionan a las familias y a la sociedad, estos padecimientos mentales ocasionan un bajo rendimiento laboral, altas tasas de ausentismo y frecuentes conflictos laborales y familiares que deterioran la calidad de vida personal y laboral, sin que hasta el momento se hayan tomado las medidas necesarias para que el sistema de salud atienda estos padecimientos, destinando los recursos financieros y humanos necesarios. Como ejemplo, les comento que el sistema de salud público tiene en su plantilla solamente 3.7 psiquiatras por cada 100 mil habitantes, lo que es totalmente insuficiente.
Es indispensable que iniciemos la ruta para construir un sistema de salud integrado, funcional, incluyente y bien fondeado a nivel financiero y humano, que permita incrementar la calidad y expectativa de vida de los mexicanos.